A partir de los 8-10 años de vida se considera que los gatos son mayores. Aunque pueden vivir por muchos más años, es importante que los cuidadores sepan a qué prestar atención para proporcionarles una buena calidad de vida durante el mayor tiempo posible. ¿Quieres saber los cuidados para un gato anciano? Los explicamos en el siguiente artículo.
Atención veterinaria
Todos los gatos deberían ir al veterinario, por lo menos, una vez al año. De hecho, tendríamos que acostumbrarlos a acudir a consulta desde pequeños para que no les suponga un elevado estrés. A partir de los 8-10 años, estas visitas deberían ser más frecuentes, cada 6 meses o cuando lo marque el veterinario.
En ellas se hará una revisión física general y, como mínimo, análisis de sangre y de orina. Según el estado de cada ejemplar, es posible añadir otras pruebas, como radiografías o ecografías. Estos controles ayudan a diagnosticar enfermedades de manera precoz, cuando los signos clínicos todavía nos pasan desapercibidos, pudiendo iniciar el tratamiento en las primeras fases.
Enfermedades como la insuficiencia renal, el cáncer o la osteoartrosis son más frecuentes en esta etapa. Muchas no son curables, pero no hay que resignarse y pensar que son consecuencia lógica de la edad. Pueden tratarse para mejorar la calidad y la esperanza de vida del gato. Por supuesto, hay que continuar con las desparasitaciones preventivas tanto externas como internas.
Alimentación
Con el deterioro de los sentidos o la aparición de distintas enfermedades como las mencionadas, es posible que el gato se muestre desganado y sin apetito. Además, con la edad, su tránsito digestivo se enlentece, puede haber estreñimiento, formación de bolas de pelo, problemas en la boca que dificultan la ingesta, etc.
Así, los gatos mayores van a necesitar una alimentación de alta calidad, baja en grasas, con un buen aporte de fibra y proteínas de alta digestibilidad, sabrosa y, por supuesto, adaptada a su edad o enfermedad (existen dietas específicas que deben ser prescritas por el veterinario).
Podemos animarlos a comer ofreciéndoles sus comidas favoritas, calentándolas o dividiendo la ración en tomas pequeñas varias veces al día. También es fundamental controlar el peso, pues, como la actividad física suele disminuir con la edad, podría haber un aumento de kilos.
El sobrepeso o la obesidad no son solo una cuestión estética. Favorecen la aparición de distintas enfermedades, agravan otras y complican la anestesia, las intervenciones quirúrgicas o la tolerancia al calor.
Podemos tener la tentación de añadir a la dieta suplementos, como los condroprotectores o los ácidos grasos omega 3. Solo debemos hacerlo si así lo indica el veterinario. No siempre son necesarios, especialmente si suministramos una dieta de calidad.
Por último, es muy importante controlar la ingesta de agua. Cualquier modificación en el consumo, tanto el aumento como la disminución, pueden indicar la presencia de una enfermedad.
Descanso
Los gatos mayores suelen pasar más tiempo durmiendo y descansando que los jóvenes. Necesitan disponer de lugares resguardados, cálidos, confortables y alejados del frío y de la humedad.
Algunos gatos comenzarán a mostrar dificultades para subir y bajar escaleras o saltar a diferentes alturas. Podemos ayudarlos colocando muebles auxiliares, rampas o, simplemente, poniendo camas y accesorios en el suelo. Se trata de proporcionarles el máximo de comodidad.
Ejercicio
Que los gatos mayores descansen por más tiempo no quiere decir que no deban moverse. De hecho, conviene que les incitemos a practicar actividad física, por ejemplo, jugando con ellos un rato todos los días.
Igualmente, hay que recurrir a medidas de enriquecimiento ambiental, como rascadores de distintos tipos o juegos interactivos y de estimulación sensorial, ya que nos ayudan a fomentar la actividad física, pero, también, la mental. Además, el ejercicio facilita el control del peso, el mantenimiento de la musculatura y el buen tránsito intestinal.
Estrés
Los gatos, a cualquier edad, suelen ser muy sensibles ante los cambios. Esto quiere decir que modificaciones de su entorno o alteraciones en su rutina, como llegada de nuevos miembros a la familia, mudanzas u obras, son capaces de disparar su estrés. Esto se agrava cuando el gato es de edad avanzada.
Por ello debemos evitar, en lo posible, cualquier factor desencadenante de estrés. Por ejemplo, no suele ser el momento más adecuado para introducir un nuevo gatito en casa. Cualquier modificación debe introducirse paulatinamente y podemos ayudarnos con hormonas tranquilizadoras o el apoyo de un experto en comportamiento felino o etólogo.
Higiene
Cuando los gatos se hacen mayores, es posible que se relajen en cuanto al uso del arenero, con lo que encontraremos orina y/o heces por distintos lugares de la casa. Muchas veces se debe a distintas enfermedades, situaciones de estrés o dificultades para acceder al arenero. Hay que fijarse en si entran y salen de él con comodidad e igual poner más por varios puntos de la casa.
Además, los gatos de edad avanzada pueden descuidar su aseo. Por distintas cuestiones, no siempre llegan bien a todas las partes del cuerpo. Esto sumado a que la piel y el pelo se resecan y afinan, el resultado será un manto con aspecto más sucio, sobre todo en determinadas zonas.
Podemos ayudarlos aumentando la frecuencia de los cepillados o limpiándolos localmente con espuma seca o toallitas para gatos. No son convenientes los baños completos si suponen un estrés considerable. También hay que vigilar zonas como las uñas, pues es posible que no las desgasten tanto, o la boca, ya que las enfermedades bucales son frecuentes.