
Cómo llevar a un gato al veterinario
Normalmente, las visitas al veterinario implican tener que salir de casa y desplazarse hasta el centro clínico en algún vehículo. Esto acostumbra a generar un estrés considerable en muchos gatos, al punto de convertirse casi en una tarea imposible.
Por eso los cuidadores intentan evitarla, pero esto puede poner en peligro la salud del gato. En el siguiente artículo, explicamos cómo llevar a un gato al veterinario para preservar al máximo su bienestar y reducir el estrés.
Por qué tiene que ir el gato al veterinario
En primer lugar, debemos romper el mito que afirma que los gatos, sobre todo los que no salen de casa, no necesitan acudir al veterinario, pues pueden estar sin desparasitarse ni vacunarse. No es cierto. Incluso gatos que jamás pisan el exterior pueden contraer parásitos y enfermedades que entran al hogar a través de otros animales o de los propios cuidadores.
Así, todos los gatos deben acudir al veterinario para recibir sus vacunas, como mínimo, una vez al año los adultos y con mayor frecuencia durante los primeros meses de vida, ya que los gatitos necesitan más de una dosis de vacuna. Además, deben someterse a una revisión general.
En gatos de edad avanzada estas visitas deberían hacerse cada 6 meses, pues permiten detectar, de manera precoz, enfermedades que requieren un tratamiento temprano, como la insuficiencia renal o la diabetes, más habituales en gatos mayores.
En cualquier caso, será el veterinario quien marque le frecuencia de las visitas en función de las circunstancias de cada ejemplar. Por supuesto, si adoptamos un gato, lo primero que se recomienda hacer es acudir al veterinario, sobre todo si en el hogar ya hay otros animales.
Traslado a la clínica veterinaria
El problema de los gatos con los veterinarios no se limita solo al espacio de la clínica, sino que ya suele comenzar con el traslado. Generalmente, se hace en coche, lo que puede suponer un estrés considerable. Incluso si se va andando, habrá que introducir al gato en el transportín y sacarlo de casa.
Ambas situaciones son desencadenantes de estrés. Para minimizarlo es recomendable entrenar al gato desde el primer momento, es decir, conviene que lo acostumbremos al transportín y al coche o la calle.
Transportín
Debemos escoger un transportín en el que el animal pueda descansar con comodidad. Tiene que ser suficientemente grande como para que se pueda tumbar, girar sobre si mismo y ponerse de pie. Hay que dejarlo en casa para que se convierta para él en un elemento seguro, que forme parte de su hogar y tenga su olor.
De esta manera, será más sencillo conseguir que lo use y que no se ponga tan nervioso en su interior. Los gatos no suelen tener problema a la hora de entrar en los transportines, pero si se aprecia alguna reticencia podemos animarlo a que se introduzca poniendo dentro comida, su juguete favorito, etc. También podemos rociarlo con feromonas tranquilizadoras.
Conviene que se pueda desmontar para que el veterinario pueda examinar al gato dentro, si en la clínica no quiere salir. Para su comodidad, pondremos una cama cómoda dentro o cualquier prenda que tengamos en el hogar para que le huela a casa. Algunos gatos están más tranquilos si el transportín se cubre con una toalla, sábana o similar.
Coche
Verse encerrado en el transportín, los ruidos de la calle y el vehículo, la velocidad, etc., son elementos que pueden estresar mucho a los gatos. Para reducir su trauma podemos ir acostumbrándolo poco a poco al vehículo, haciendo pequeños viajes o incluso empezando por introducirlo en el coche sin encenderlo.
Podemos ir ofreciéndole premios y rociando el interior del vehículo con feromonas tranquilizadoras. Se trata de convertirlo en un espacio que sienta familiar y seguro para que no le resulte tan estresante.
Por supuesto, en el viaje se deben cumplir las normas de seguridad vial: el gato irá siempre dentro del transportín bien sujeto con el cinturón o instalado en el suelo del coche. Si vas andando a la clínica, también puedes ir acostumbrando al gato con salidas breves.
Por seguridad, sujeta el transportín por debajo con ambas manos y no lo lleves solo del asa. Además, así el gato va más cómodo, pues no se va moviendo con el transportín de un lado a otro mientras andamos.
Centro veterinario
Los veterinarios cada vez son más conscientes de que deben minimizar el estrés de los gatos en consulta para preservar su bienestar. Por este motivo, han surgido clínicas específicas para gatos, se programan citas para que no tengan que esperar o se reservan espacios para evitar que estén en contacto con perros que los puedan asustar y estresar.
También se intentan hacer exploraciones suaves, ofrecer premios, respetar el ritmo del gato y, en lo posible, no forzarlo, dejando las pruebas más complejas o molestas para el final. Si fuese necesario, podrían hacerse con sedación. En definitiva, se busca que la experiencia sea, en lo que cabe, positiva para el gato.
Vuelta a casa
El estrés que ha sufrido el gato con la visita a la clínica no suele desaparecer de inmediato al volver a casa. Para los gatos que viven solos puede ser más fácil, pues retornan a su territorio seguro, aunque también pueden pasar un tiempo escondidos o sin comer hasta que se tranquilizan por completo. Prueba a ofrecerle su comida favorita.
Cuando viven con otros gatos puede haber problemas. Esto se debe a que ingresan al hogar estresado y con olores extraños, lo que puede hacer que los otros gatos reaccionen con miedo y agresividad. Para evitar estos problemas es conveniente dejar al gato recién llegado solo en un cuarto ese día.
Al siguiente, podemos pasarle una toalla por el cuerpo y dejar que la huela el otro gato (o gatos). Si su reacción es normal, podemos ofrecerles comida a ambos, abriendo la puerta del cuarto para que se vean, asegurándonos que se reconocen y toleran antes de dejarlos juntos.
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